Historias que caben en una esquina soleada
En un pasaje con murales, una biblioteca vecinal casi cerró por falta de alquiler. Cincuenta personas aportaron cantidades pequeñas, algunas en efectivo, otras con tiempo, y la puerta volvió a abrirse. El milagro no fue el dinero, sino la constancia compartida, la rendición de cuentas simple y el sentimiento de que la cultura también pertenece a quienes jamás habían sido invitados a decidir.